Monday, December 19, 2005

El Consumismo y el Estado

Por Juan Fernando Carpio

jfcarpio@mail.usfq.edu.ec

Imagine usted, estimado lector, que le anuncian que tiene sólo 48 horas más de vida. Ninguna de las cosas que usted haga será pensada para rendir su fruto (consumo) más allá de esos dos días. Su horizonte temporal se redujo drásticamente. A nivel personal un mal como una enfermedad o una pandilla barrial reducen el horizonte temporal. A nivel social un desastre natural o una guerra actúan igual, destruyendo los incentivos para pensar a futuro (invertir) y aumentando exageradamente aquellos para disfrutar lo que no está asegurado en el futuro (consumir).

Una medida objetiva, que es fundamentalmente la diferencia de valoración entre bienes presentes y bienes futuros, es la tasa de interés. Cuando la mentalidad protegía los derechos individuales en los siglos anteriores al XX, las tasas de interés bajaron constantemente como producto del proceso económico, y por ende una mayor certeza con respecto al futuro. La subsistencia estaba asegurada gracias a la creación de bienes de capital y al ahorro acumulado. Sin embargo, la tasa de interés del llamado Primer Mundo retrocede 500 años luego de la WWII y permanece alta. ¿Por qué? Sólo existe un fenómeno capaz de reducir permanentemente las expectativas futuras de grandes poblaciones: el estatismo. El propio Vladimir Ulianov –Lenin- llamaba al Estado un aparato de opresión. Frederic Bastiat explicó: “El Estado es la gran ficción mediante la cual todos pretendemos vivir de los demás”. Sobre todo Bastiat nos ayuda a entender: cuando hay rapacidad redistributiva y un aparato de los medios políticos, la gente ve afectada su capacidad práctica para pensar a futuro.

La inversión en uno mismo y la inversión material en una empresa cultural o comercial se llaman capitalización. Pero lo contrario a la capitalización, al avance integral, es el consumismo. Éste es el inevitable efecto sociocultural, de la reducción drástica del horizonte temporal. Piense qué reacción tenemos cuando un nuevo gobierno nos trae incertidumbre. La tendencia es a disfrutar de placeres personales y familiares que tal vez no podamos satisfacer luego. Esto, a expensas de nuevos estudios, planes personales e inversiones de mediano o largo plazo en el propio país.

En nuestro Ecuador la discrecionalidad de los funcionarios, la deuda estatal, prohibitivas tasas de impuestos para un país que pretende desarrollarse, el centralismo estatista y al menos 57.000 cuerpos legales activos, crean más que suficientes barreras para nuestro horizonte temporal.

El autoconsumo, la distorsión de valores y el consumismo son ineludibles efectos de forzar el espíritu humano hacia el corto plazo mediante atenazar el futuro. La comprensión de ese fundamental principio praxeológico desarma la pretensión de echarle la culpa del consumismo y la decadencia social al libre mercado. Aquí nunca hemos tenido libertad económica y gobierno limitado como la Europa pre-WWII, pero sí toda la problemática de un país con horizonte temporal minúsculo y sin un capital cultural y material acumulado que amaine sus efectos.

No comments: